martes 20 de marzo de 2012

De aprendiz con Ribeyro


Julio Ramón Ribeyro
Ribeyro me tiene desconcertado, cada cuento suyo que leo me crea la duda de cuál es el mejor. Acabo de leer por ejemplo La insignia, el relato de un hombre que se hace militante de una organización por puro azar: un día se encontró una medallita en la calle, se la clavó en el traje e inesperadamente alguien con quien se tropieza lo convoca a la próxima reunión de la organización a la que se empieza a integrar de manera muy despreocupada y para la cual realiza una serie de tareas entre banales y descabelladas. Al final llega a ser presidente de la organización sin saber de qué va el asunto. No importa saber con anticipación el final del cuento porque el meollo del asunto está en lo que remueve en el intermedio, las expectativas que despierta, los prejuicios que activa. Sin recurrir a la insolencia, Ribeyro se burla de la manera más arrasadora de la militancia. De la sustancia esa en la que muchos se sumergen para sentirse parte de un caldo, de una cosa que les dé sentido. Ribeyro no decora con pronunciado retoque sus textos, pero hay puntadas de sentido y de ritmo en sus cuentos, una traviesa perspicacia, una sonrisa ligeramente cínica, un sentido de la atrocidad sin aspavientos, que anulan cualquier demanda que podamos hacerle a su estilo.

viernes 16 de diciembre de 2011

¿Generaciones?


(Primera parte)

La tradición y su escuela se han empeñado en que leamos la poesía escrita por nicaragüenses de una manera muy esquemática y sobre todo sesgada. La tarea aplicada con rigor obliga a empobrecer el criterio, homogenizar el panorama, en fin, desarrollar un hábito de lectura que reduce lo que se lee. Es decir, que obliga a leer menos porque su primer criterio es la uniformidad. En ese sentido hablo de dos males. Primero, el panorama exteriorista sobre el cual la más reciente e insistente expresión se dio por medio de la antología El siglo de la poesía en Nicaragua, elaborada por Julio Valle Castillo. Segundo, la rígida esquematización de la literatura nicaragüense por medio de décadas, sistema que suele fundir o confundir  cronologías con generaciones.

martes 18 de octubre de 2011

Un análisis político infalible


No me explico cómo los periódicos mantienen diariamente sendas páginas de opinión política. Por un periodo trabajé como editor de una de esas secciones, editor por azar y no nombrado. Fue durante mi estadía en un periódico ya desaparecido. La situación era de risa porque se me había encargado la edición de la página cultural, estaba en el proceso para que me nombraran editor cuando corrieron a mi jefe. De modo que un tipo con alto grado de esquizofrenia que presumía lo que él consideraba un elevado abolengo leonés pasó a ser nombrado editor,

jueves 25 de agosto de 2011

La carta literaria


Esta es la carta literaria que escribí para el Foro Nicaragüense de Culura y que fue publicada como un folletín. Tal vez hizo falta hacer énfasis en lo insignificante que se ha hecho la palabra Generación.


Poetas surgidos en las décadas 80, 90 y el nuevo milenio

Juan Sobalvarro


En esta ocasión vamos a hablar de los cambios fundamentales por los que ha pasado la poesía nicaragüense en los últimos treinta años. Es decir, haremos un rápido recuento de los poetas

martes 12 de julio de 2011

La metáfora de lo imposible

(Un fragmento)

Ya algunos comentaristas han llamado la atención sobre autores que se fugan de la línea tradicional y monótona de la literatura nicaragüense realista. Son muchos los que realmente escapan de ese panorama monolítico de poesía nicaragüense. Pero muchos también perecen en el intento de fuga. Es tan risible el esquema de la poesía del exterior como el esquema de la poesía del interior especialmente si se asume con tanta fe como la división entre Capuletos y Montescos.
Podría decirse que los otros extremos del realismo son el imaginismo, el creacionismo, el surrealismo, entre otros que ahora ignoro. Una simplificación burda y veloz: Imaginismo, imaginación pura. Creacionismo, crear, inventar. Surrealismo, el mundo de los sueños y la loquera automática, es decir hacer sin pensar.
El asunto es dejar fluir la imaginación. La meta es algo así como arrancar la exclamación: ¡qué imaginación la que tiene este/a poeta! ¡qué creativitate! Y es en ese agudo filo donde surge la metáfora de lo imposible.
La metáfora de lo imposible es aquella que enuncia un contenido insólito, una imagen irrealizable, una irrealidad absoluta, un absurdo sólo posible en la imaginación y el arte.
Si bien la metáfora de lo imposible abre una gran brecha a la imaginación, si bien tiene esa promesa esperanzadora de abrirle puertas a la imaginación humana, si bien supera en algunos casos a la realidad, si bien es ingeniosa. Muchas veces tiende a la vacuidad, o a la simplicidad. Y siempre oculta más de lo que dice. Porque en el fondo es una opción por la abstención. Actitud que casi convierte en regla el hecho de que el poeta de la metáfora de lo imposible sea por lo general un poeta concentrado más que en otra cosa, fundamentalmente en la forma. Su familia es la del arte por el arte.

sábado 11 de junio de 2011

El narrador, dos formas para hacer un gol


Mirá, yo sé que para tu entendimiento hay cosas que mucho joden que te aturden el seso; que te pasman el caldo cerebral, la sopa Maruchán que tenés por cerebro. Pero te lo voy a explicar de una forma