viernes 10 de julio de 2009

Los escritores

¡Ay! los escritores

lunes 25 de mayo de 2009

Alguien me dijo que Benedetti no era poeta

La verdad, no importa mucho si era o no poeta para alguien. No sé si este era su mejor poema, ni siquiera es uno que me guste mucho, pero mucho tiempo su poesía me acompañó sin estresarme más de lo que ya estaba y he querido recordarlo.
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Estado de ánimo

A veces me siento
como un águila en el aire
(de una canción de Pablo Milanés)
Unas veces me siento
como pobre colina
y otras como montaña
de cumbres repetidas
unas veces me siento
como un acantilado
y en otras como un cielo
azul pero lejano
a veces uno es
manantial entre rocas
y otras veces un árbol
con las últimas hojas
pero hoy me siento apenas
como laguna insomne
con un embarcadero
ya sin embarcaciones
una laguna verde
inmóvil y paciente
conforme con sus algas
sus musgos y sus peces
sereno en mi confianza
confiando en que una tarde
te acerques y te mires
te mires al mirarme.


Mario Benedetti

martes 10 de marzo de 2009

Crisis anticipada

Un fantasma recorre el mundo. Sí, la anunciada crisis financiera mundial. Los grandes capitales se espantan y se van en diarreas monetarias, digamos. Un negro llega a la Casa Blanca, y pobrecito o por cosa de los dioses, le toca hacer una tarea más ardua que la que le encomendaban a cualquier blanco. No sólo limpiar la caca de su antecesor, uno de los más malos entre los peores, si no evitar que todos los capitales salgan despavoridos de la yUSA.
Pero peor suerte que la de un negro gobernando ‘lo estadounido’ sólo la podemos tener nosotros, tercer mundistas de poca monta, sometidos históricamente por bandas oligárquicas de toda calaña, finquera, bananera, maquilera, guerrillera, etcétera.
Por eso somos víctimas del boom mediático de la llamada crisis financiera mundial. Que hasta el momento es sólo un acto de magia y fórmula para las más descabelladas explicaciones. Cualquier estupidez que acontezca en estos días puede ser explicada con toda frescura o ser excusada por la crisis financiera mundial.
El anuncio de la tal crisis, en Nicaragua por lo menos, sólo ha servido para el provecho de la banda de vivianes que se cree el top ten de la economía nacional, los ‘grandes inversores’ de un país en eterna bancarrota. Es así que los arribistas empiezan a apretarnos las fajas, saltan por encima de las leyes, violan el código del trabajo y en un alarde de cálculos, más allá de la medianoche, modifican derechos y salarios.
Estos pudorosos ciudadanos, que sufrían rubor cada vez que se violaba el ‘derecho de todos’, no han sufrido ni la más ligera tos, ni el más fugaz insomnio, al convertirnos, bajo su servicio, en trabajadores del feudalismo, sin voto, ni derechos.
No, no han perdido ni un centavo y lejos están de la bancarrota. Pero este es el momento que esperaban para dejar de ser los buenos ciudadanos del progreso. Para desnudar el verdadero corazón que le heredaron sus papis colonialistas.
Entonces, lo que primero nos ha caído encima es la crisis moral de estos influyentes ciudadanos. Y esa es a todas luces, una clara señal de los malos tiempos. Una clara señal de la moral que regirá los nuevos días.
Lo peor no es que nos anuncien más pobreza porque esa ya la conocemos, o que quiebren mil bancos en el mundo, que ninguno tenemos. Lo peor y más sustancioso es que nos han dejado claro que van a triturarnos, van a exprimirnos y van a voltearnos como calcetín.
Publicado en 400elefanes.com

lunes 9 de febrero de 2009

Como en campo de refugiados


Trabajar en domingo. Debería existir un dicho para el domingo como aquel de “Los lunes ni las gallinas ponen”. Algo así como “Los domingos ni las putas trabajan”, pero mi drama es que no sé si las putas no trabajan los domingos y parte de mi puta vida es trabajar en domingo. Y es penoso cómo la vida, la necesidad de los tres golpes diarios, en cierto modo sí lo prostituyen a uno.
Al final de la jornada llega uno a la cueva con la idea de roncar a plenitud. Lo que ignoramos es que la madrugada dejó instaladas sus trampas y unos pasos lejanos casi inaudibles, una voz amortiguada por los muros o simplemente nada nos despierta como si alguien hubiera apretado un interruptor de manera irreversible. Pero no, es domingo y las cosas deben tener un acento distinto, un desplante ramplón. Entonces es una tal Virgilia que canta toda la noche la que nos abre el zaguán del insomnio con su estribillo de desentonado impetu carnal: “Apoderate, apoderate, apoderate de todo mi ser”. El éxtasis es igual al que borrachos practicamos en altas horas de la noche en eventos más que paganos y con el mismo sinpudor. Pero la Virgilia oscila entre la vigilia y el sueño, trafica intereses entre el pasado y el futuro que si pueden se entorpecen el paso el uno al otro.
Hora de sacar la sumadora con ademán cínico, de restarle al día que se fue empréstitos por lo que de disimulado fracaso tiene en su simple pasar y acabar. Y abarcar en pleno y sin dejar escapatoria.
Y en ese ir y venir del sueño a la Virgilia, de la Virgilia a la pesadilla, de la pesadilla a la pesadumbre, se da el desbarajuste de luces que se cuelan por la ventana con una penumbrosidad calculada e intensiones insistentes de intermitencia y temblorosidad policíacas. Se da la mano pesada de sombra que tiene la madrugada, con perfiles de árboles que se pintan en la ventana, como si anunciaran la llegada del Doctor Caligari. Se da el escenario propicio para ser capturado por la Geheime Staatspolizei.
Pero es sólo la Virgilia, que no tiene corazón para el puto que trabajó en domingo, como una amante sorda y necia.
Y termina como los ebrios, ya no cantando, sino musitando al micrófono su ebriedad, su fe gastada en el exceso, con la música baja porque no sabe si seguir hasta morir o parar para olvidar.
Todo parece terminar con el alba o con el canto ronco de un gallo que prorumpe sin aviso. Pero es en el mero zipper que separa a la madrugada de la mañana que la Virgilia suelta la estafeta y la cede al pregón: “exquisitos nacatamales el cepolazo a veinte pesos, veinte pesos los nacatamales”. Entonces sí, sé que ya llegó la Geheime Staatspolizei.


Juan Sobalvarro


El exto fue publicado en 400elefantes.com donde mantendré una columna semanal que se actualizará los viernes

jueves 15 de enero de 2009

Inquietudes provincianas


Hay estados amnésicos y de enajenamiento que bien podrían ser normales. Si la norma cabe para algo en alguien. Ahí, en esos momentos muchas son las cosas que rumian el entorno, pero todo pasa. Y no se vive el país, la cuadra, el periódico. El trabajo es sólo un trámite del día para otro. Se le da cuarentena al teléfono, aquel por el que nunca tuvimos pasión. No hay nada pendiente, nada quedó en suspenso. Pero basta un disparo para fracturar ese virtual estado catatónico, un grito con edor propio para acabar con la pureza. Y regresa la cuadra, el periódico que oblícuo desenfunda un ojo en vértigo y veloz. Cual eco, rebota el discurso de un mal comediante que se toma en serio. Y sin querer nos enteramos de cosas, nos contagia la miseria de la mesa contigua donde se repartía el odio y se pulían egos que por fórmula apelaban a la modestia, como apelaría un ratero a su navaja. El rostro del que acumuló más fama empieza a dibujarse en la penumbra. Y se descubre que el mérito de los besadores de culo es haber inventado un método. Una afinidad con el secretariado bilingüe. Entonces sabemos que somos lo que habitamos y somos cuando recuperamos las inquietudes provincianas.

jueves 11 de diciembre de 2008

Asunto acabado


Produce rubor ver cómo en las nuevas generaciones de escritores nicaragüenses ha calado la imagen del poeta Carlos Martínez Rivas a un grado que vomita cursilería. CMR es por excelencia la actual figura cliché de la poesía nicaragüense, claro que en el marco local. A la hora de soluciones rápidas, el connotado poeta aplica para los moldes de lo marginal irreverente (tanto en los contenidos de la literatura como en la vida personal), del rigor en la escritura que cuida el ritmo, la precisión y la inteligencia de lo que se dice y además para ejemplo de gloria inmortal.
Para los que creense pioneros de la nueva fe carlosmartiniana es bueno saber que esta empezó a practicarse muchos años atrás, siendo quizá su primer profeta Beltrán Morales. Fue probablemente por eso que en la década del 80, cuando el carlosmartinianismo llegó a su primer auge, lo hizo bajo el divertido nombre de Comando Beltraniano de Saneamiento Literario, integraban dicha célula de sanidad algunos reconocidos carlosmartinianos, algunos de los cuales poseídos por la demencia de los tiempos, hoy creense el relevo del poeta y los dueños de la última palabra sobre la poesía del mismo. Por si no se percibe, la fe carlosmartiniana ha derivado definitivamente en un asunto de sanidad. Un problema de sanidad que ha sumido en la demencia a las mejores mentes de la nueva literatura nicaragüense. Hablo de la nueva literatura nicaragüense desde hace unos 40 años atrás.
El rubor viene cuando se escuchan afirmaciones proferidas en tono dramático como que CMR era un mounstro de la literatura, es el mejor poeta nicaragüense después de Rubén Darío y similares. O cuando se utiliza la figura del poeta para medirlo todo en poesía y de paso para medidas morales o soluciones inmorales. Rubor también conocer que exista la posibilidad de establecer una lista de especialistas como únicos autorizados para hablar o escribir de la poesía de CMR.
Y aparte de confirmar la excelencia de Carlos Martínez Rivas como poeta, poco nos hemos puesto a pensar en los límites de su estética, porque toda estética los tiene.
El rubor viene cuando se lee la poesía de poetas mayores de edad y menores de edad y se descubre el afán malhabido de querer sonar como Martínez Rivas. A eso se refería él con lo de “a mí me plagian”.
Y no es regaño, aunque lo es. Realmente es el poeta uno de los modelos locales y más a mano para seguir, si hablamos estrictamente de escribir poesía. Aunque no es el único modelo local. Y es allí donde radica el problema, en el localismo. Poco nos hemos dado cuenta que los modelos estéticos de los 'grandes poetas nicaragüenses' ya están agotados y no cabe seguir reproduciéndolos. Independientemente de que esa grandeza sea para todos los tiempos. Ciertamente Carlos Martínez Rivas se agota en él, suponer lo contrario implicaría que alguien siguiendo su línea estética termine revelándonos la no excelencia del poeta.
En principio, pensaba llevar esta reflexión por algún camino que concluyera con alguna opinión al rededor del llamado veto del gobierno al prólogo de Sergio Ramírez, pero ya la cosa tomó otro camino. Tal vez es así porque todo está claro, El País no quería a otro prologuista, quería a Sergio Ramírez, nada que discutir. Y gracias al veto del gobierno el libro de Carlos Martínez Rivas ya no va, nada que discutir. El daños está hecho. Los perjudicados somos todos, hasta los imbéciles censores. Aunque, el que vive en ignorancia en ignorancia se queda.


Juan Sobalvarro

viernes 28 de noviembre de 2008

Penefi Revisitada


Es como cuarta vez que lo sé y no lo olvido, uno nunca regresa por el arco del triunfo. Sobre todo si a lo que se regresa es a Managua La Fea. Igual sé que Managua La Bella anduvo confusa y aporreada en las ultimamente. Managua La Bella que todavía no entiende que no es la única, ni la más importante. Alguien quizo ponerme al tanto de las noticias y lo contuve con un gesto de oficial de tránsito en pleno mediodía. Ya la realidad o la relatividad impondrá su peso. De momento el inventario va por esto:
1.- Los políticos nicaragüenses le inventan nuevas formas al descaro, el oficio es el cinismo.
2.- Una banda en taxi pudo revertirlo todo, hasta una nulidad ante la que no quedaría en pie ni el dolor.
3.- Los cuadernos de viaje vienen vacíos, los esperaba una agenda apretada de riesgos y de siempres.
En resumen, sigo aborreciendo igual a los políticos, para mí no son ni de derecha ni de izquierda, para mí son algo que no requiere mayor inteligencia, para mí son mierda. Odio más a los taxistas y sus compinches, con un odio de asesino en serie y en serio, y sí, generalizo. La novela no está terminada, pero ya es una novela. Y si no lo es ¿a quién le importa?
He llegado.
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